Asesoría escolar

Edelmira Castrillón Z. Psicóloga.

Ustedes jóvenes hay algo que no saben o no reconocen, sus MADRES, PADRES, ABUELAS… otros adultos necesitan del cariño, la comprensión y el respeto de sus hijos; pero especialmente necesitan saber que los aman, que lo que hacen es importante y también que los aceptan -siquiera un poquito- como son. Si, tus padres necesitan saber que los amas, que son importantes para ti.

articulo 1 asesoraEn nuestra sociedad actual casi todo el tiempo estamos ocupados tratando de entender, apoyar, ayudar a los niños y jóvenes, acompañándolos en su proceso de crecimiento y desarrollo y su camino a la adultez, esperando que transiten bien ese camino y que sean felices.

Juzgamos continuamente a los padres, a la familia, por el comportamiento inadecuado de los niños y jóvenes, siempre se escucha decir cómo será en la casa, que padres tienen porque sabemos que es a la familia a quien corresponde educar y hacer ejercicio de la autoridad.

Es que los padres, por el hecho de serlo, son afectivamente, moral, emocional, legal y socialmente responsables de sus hijos; además de que se preocupan por su bienestar también tienen dudas, vacilaciones, miedos y cometen errores. ¿Será por eso que muchos hijos, casi siempre están protestando porque están pendientes de ellos?

Pero seguramente los hijos, muchos jóvenes podrán preguntarse de ¿que temen los padres?...

Resulta que sí, tienen muchos temores: a los accidentes, las enfermedades, el desaprovechamiento del estudio, los problemas, las travesuras, las drogas, a conductas ilegales, a la influencia de las malas compañías (pocas veces a que sean malas compañías), a los embarazos precoces, a que no puedan tener un trabajo remunerado; temen equivocarse, no ser los padres que sus hijos desean y lo que deben ser, a cometer errores, a perder el amor y el respeto, a no ser capaz de hacer lo que se requiere, a no saber qué y cómo hacer.

Tienen temor que por los conflictos que se generan a veces en la familia, por apatía o rebeldía, sus hijos se equivoquen tanto que esos errores terminen por ser vistos como algo normal y no se haga nada para corregirlos o evitarlos y terminen siendo hábitos, actitudes y comportamientos dañinos para su desarrollo armónico y para la sociedad

Muchos dicen que los cuchos molestan por todo y que les sacan en cara. No es cierto, es una queja, puede ser un reclamo mal hecho, sin las palabras, el tono y los gestos adecuados, en realidad lo que significa es que tus padres quisieran ser retribuidos por su esmero, esfuerzo y a veces sacrificios por sus hijos; imagina, se sentiría muy bien que los hijos hicieran lo que le corresponde sin mandarlos, escuchar gracias, lo siento, me equivoque, que tengas un feliz día….

Así que basta ya de decir que no les dejan tener vida, que los controlan, que los cuidan, que los corrigen, que los exigen, esa es la tarea, la función y el derecho de los padres; al contrario deben sentir satisfacción porque ellos se preocupen, los apoyen y asuman su función de padres. Dejarlos hacer lo que quieren, no poner límites es una forma de maltrato, por los efectos negativos que esto tiene para su desarrollo.

Podrán hacerse otra pregunta, ¿para qué el reconocimiento, la seguridad del amor y la aceptación? Pues los padres pasan también por una serie de cambios y se sienten inseguros, por ejemplo la imagen que tenían de si mismos se modifica al tener hijos, el sentido de la vida, del trabajo, de la responsabilidad, se es responsable de la vida de otras personas que dependen, en los primeros años, totalmente de ellos.

Es comprensible y no solo por la edad que a muchos jóvenes no les guste los padres, abuelos, los adultos responsables de ellos, la familia que tienen, pero para que generar tanto malestar, crear disgustos y mantenerse enojado si hay soluciones fáciles, como por ejemplo hacer algo, desde la propia iniciativa y compromiso para que su familia sea mejor. Hacerlo con cariño y convicción, al fin y al cabo nadie elige la familia, esa le tocó, pero ya que estamos ahí, a ver que aportamos para hacerla mejor, que tal tolerar sus gustos de música, salir con ellos a dar una vuelta, no estar celoso con los más pequeños y decirle a los cuchos que los quieren.

¡Ah! se siente tan bien esas palabras de aliento, abrazos tiernos, besos, pedidos de cargado y mimos de los hijos que ya están grandecitos. Tal vez estos gestos disminuyan la cantaleta, los regaños, las peleas en casa, las huidas a la calle, el dolor de cabeza y hasta las borracheras del papá.

Ese es el reto, tratar de ser chévere con los adultos también, al fin solo es afecto, un poco de tolerancia y comprensión, y para darlo quien mejor que los jóvenes.

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