EDITORIAL
LA QUEMA DEL KIOSCO DE LA NORMAL

Una hazaña de héroes imbéciles

Carlos Mario
Londoño M.

Rector Normal Superior

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Delincuentes sin escrúpulos, en un atentado con características de actores terroristas, penetraron en una noche negra a la institución e incendiaron el aula intercultural, un kiosco construido en madera de choibá y palma amarga diseñado para albergar a 50 personas en actividades académicas y culturales. El kiosco fue inspirado en el centro de encuentros de la comunidad Emberá del resguardo indígena de Chéver en Dabeiba, allí tenían unos 8 kioscos de madera y paja. Nuestra aula intercultural, como le llamamos por estar inspirado en la cultura indígena, se había constituido en un sitio de encuentro para el desarrollo de actividades sociales, culturales y académicas, enriqueciendo permanentemente los ambientes de aprendizaje para los estudiantes de todos los niveles que se atienden en la institución.

Sobra tratar de describir la sensación que este hecho ha generado en las personas que amamos a La Normal: indignación, desconsuelo, frustración, mucha rabia, desconcierto, tristeza profunda, un dolor de alma y mucha impotencia. Si bien esta conmoción no afectó a todos, pues los niveles de apego a los emblemas e insignias del plantel no es el mismo, sí experimenté el llanto y la aflicción de muchas personas, especialmente de algunas con las que presencié cómo las llamas consumían este espacio inestimable, sin que pudiésemos evitar su ruina total.

Al respecto surgen muchas preguntas frente a cuáles fueron las motivaciones de los vándalos que perpetraron este acto; pues se tienen serios indicios de que se trató de alumnos o exalumnos de la institución. ¿Por qué perpetrar semejante daño que afecta a tantas personas, especialmente a los niños?, ¿por qué y contra quién tanto odio?, ¿cómo lograron tamaña insensibilidad para destruir uno de los lugares más emblemáticos de la Institución?, ¿qué lucro obtuvieron los delincuentes?, ¿qué harán después estos bandidos?

Ante la presunción de que los perversos autores de este hecho hayan sido miembros de la comunidad educativa, necesariamente me surge la incógnita relacionada con la formación ¿qué fue lo que no hicimos bien? Sin embargo la respuesta es clara y contundente: los valores morales y éticos, las buenas costumbres, la calidad humana, el ser íntegro se forman en la familia, no en la escuela; los maestros hacemos lo que humanamente nos permite el sistema para tratar de potenciar lo que los estudiantes traen de la casa en materia axiológica; el sistema educativo nos exige priorizar otro tipo de resultados. No quisiera pensar que los padres de los autores de este hecho delincuencial tengan conocimiento de su autoría, sería ponernos en el contexto más adverso para pretender la formación de nuestros jóvenes.

Adicionalmente hay otro hecho que es indignante; desde la propia noche de los nefastos hechos se dio parte a la Policía Nacional, a primera hora del día siguiente se formuló denuncia penal por el delito del que fuimos víctimas, sin embargo no se percibió para nada algún interés por parte de las autoridades competentes por adelantar una investigación seria y oportuna. Me atrevo a decir públicamente que la actitud de los funcionarios fue de indiferencia y negligencia, pues en la denuncia y en la ampliación aportamos indicios y referimos algunas fuentes que hasta la fecha no se han abordado. Es probable que la normatividad y la tramitología amarren un poco a los funcionarios encargados de instruir las investigaciones penales, pero, en todo caso no he percibido interés ni acciones concretas al respecto.

rPara finalizar quiero referirme a los autores del hecho, probablemente hayan querido ser los protagonistas de una hazaña al perpetrar este daño a la institución, atalajados como malhechores, encubiertos en la noche, silenciosos y rastreros para lograr hacer el daño. ¿Valientes o cobardes? ¿Cómo puede ser valiente el que se asegura de ir a la fija contra la indefensión de una institución desprotegida? pero, si fuera un heroísmo, creo que son héroes imbéciles, pues ¿qué sentido tiene perfeccionar una aventura pero no poder pregonar su proeza porque deben permanecer clandestinos?