Manuel Alberto
Báez

Docente matemáticas

La coordinadora de convivencia, especialista Teresita Sepúlveda, me asignó el acompañamiento a los estudiantes de básica primaria en los tiempos de descanso a las 9:00am y 11:15am, en la zona comprendida del parque infantil ubicado al lado de la nueva placa polideportiva.

El parque está constituido por columpios, puente de acceso al deslizadero y a la barra, mataculines, pasa manos y barras de equilibrio.

Mi misión consistía básicamente en acompañar las acciones de los estudiantes en estos juegos, siguiendo un orden o relevo respectivo por la cantidad de estudiantes que se presentaban a cada juego, de tal manera que no se presentaran discusiones, maltratos o accidentes.

En este acompañamiento, observé que había una cantidad de niños que no podían disfrutar de algún tipo de juego en los 15 minutos destinados para ello.

En consideración a lo anterior, decidí integrar un grupo de niños de los grados primero y segundo para realizar actividades de tipo cultural combinados con la parte deportiva de la siguiente manera: En la parte de cultura general, les hacía preguntas tales como:

¿Qué es un ósculo? ¿Qué es un lustro? ¿Qué es cibernética? ¿Qué es tauromaquia? ¿Qué es hermenéutica?

Lógicamente los niños no sabían las respuestas porque les parecían preguntas muy difíciles y extrañas para ellos. En atención a esta inquietud, les socialicé las respuestas de cada una de las preguntas. Esta socialización ocurría en el primer descanso de un día normal. Al día siguiente, les preguntaba de nuevo a los estudiantes y estos respondían con admirable facilidad y desparpajo, preguntándome si los iba a premiar.

Aquí surgió la parte deportiva, una vez terminadas las preguntas hacíamos una carrera desde donde estaban dos columpios en mal estado (actualmente desinstalados para ser reparados), hasta el portón de la zona lúdica por la parte engramada al borde de la placa. Al llegar al portón, tomábamos aire haciendo una pequeña pausa y retornábamos corriendo otra vez al punto de partida.

Hicimos varias jornadas con este tipo de actividades, las cuales matizábamos con cantos y bailes. A los niños se les premió con una bolsa de 100 confites de chocolate, destacándose entre varios, la niña Valeria Valderrama y el niño Samuel Cardona, quienes quedaron supremamente motivados por las preguntas de cultura general, a tal punto que corchaban a sus padres y parientes porque estos no sabían responder, y los niños tomando el rol de maestros les argumentaban las definiciones de estas preguntas.

En conclusión, los tiempos de acompañamiento en los descansos con este grupo de niños se tornó de una felicidad completa en donde los chicos disfrutaban de un proceso intelectual y recreativo que los nutría en su desarrollo integral como seres humanos, del mismo modo que en mi rol de docente me liberaba de tanto estrés fortaleciendo también mi espíritu y manera de ser.